sábado 10 de abril de 2010
miércoles 24 de febrero de 2010
Hilos invisibles

Primero de todo quiero daros las gracias a tod@s, gracias sinceras y de corazón a tod@s y cada un@ de los que os pasais por aquí para leer mis pensamientos en voz alta y gracias a gente especial que me ha apoyado y ayudado, que ha proyectado una energía que en ocasiones no me sobraba, por comprender mis silencios que tanto me gustan para poder digerir y asimilar mis lecciones diarias particulares, muchas gracias.
Era importante para mi expresaros mi gratitud, pero aprovecharé la ocasión para contaros otra de mis "batallitas", otra de esas lecciones que quizá sean absurdas y ininteligibles para alguién pero que yo saboreo y disfruto en mis silencios.
Estaba paseando a mis perros por la tarde, disfrutando del aumento de luz que nos regala en estos días ya nuestro firmamento, una tarde fría pero soleada, me llenaba el espíritu con la perfecta sincronía de todo lo que me rodeaba, de las primeras flores de los almendros, de la alegre marcha que imprimían mis mascotas, de los trinos y persecuciones de los pájaros, del olor de la leña ardiendo en alguna chimenea cercana, del sonido rítmico de los coches que pasaban a mi lado, de las conversaciones animadas que mantenían las personas que ahora si se atrevían a detenerse unos instantes para intercambiar chismes y bromas con los vecinos, disfrutando de los saludos y la sonrisa que cruzaba con los conocidos de mi pueblo, todo el mundo, todos cumplíamos nuestro papel en este guión, cada árbol, piedra, persona, cada objeto, cada soplo de viento, cada olor estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado, todo se conjuraba para regalarme una tarde única e irrepetible, incluso yo estaba cumpliendo mi parte de la obra como un elemento más de atrezzo para alguién que me observaba desde su balcón o para el desconocido que me cedía el paso ante la marcha imparable de un hombre que trataba de dirigir a dos perros deseosos de salir corriendo.
Entonces sucedió; como me viene pasando últimamente, sin avisar, en el lugar menos pensado y el momento menos pensado, lo noté venir, los colores cambiaron, los sonidos me llegaban con un pequeño retardo y amortiguados, los movimientos de todo se ralentizaron todo mi entorno cambió, el suelo que pisaba parecía moverse como en una de esas rampas mecánicas y me desplazaba sin esfuerzo alguno, de repente noté como de las personas, de los árboles, incluso de los coches surgían unos hilos, una maraña extraña pero bella y rítmica y como esa maraña de hilos se unían y bailaban como movidos por un viento desconocido, se atraían para al segundo separarse y seguir su camino, algunos de estos hilos se enredaban con los que surgían de mi propio cuerpo, se entrecruzaban en una caricia sutil; parecía como si todo el entorno fuese un teatro de marionetas y estos hilos los manejase algún titiritero caprichoso.
Pero no me sentí como una marioneta dirigida, simplemente me di cuenta de que todos estamos unidos, conectados por esa maraña invisible que no se porque capricho del destino se me permitió durante unos segundos...¿o fueron horas? verlas con mis propios ojos, que nos guste o no estamos enlazados, que no importa la afinidad que tengamos, esos hilos se cruzan entre todos y nos dejan una huella fugaz en algún lugar dentro de nosotros que quizá jamás lleguemos a conocer, una huella que quizá surja en un sueño o cuando meditamos, pero desechamos por ridícula e inconexa.
Nada sobra ni falta en este mundo, cada pensamiento abstracto que nos viene tiene un origen, cada cosa que hacemos tiene su repercusión en algún lugar insospechado, pues estos hilos bailan caprichosamente y vuelan hacía su próximo objetivo cambiando la dirección de otros hilos y afectando en su trayectoria.
Por suerte pude volver, me aferré a la correa de mis canes y me hice consciente del contacto físico con ellos, poco a poco retorné a mi mundo normal, jajajjja mis perros me devolvieron a mi mundo normal, no creo que mi cordura pudiera vivir esas sensaciones mucho más tiempo sin salir algo más maltrecha de lo que está, me miraban directamente a los ojos para asegurarse que su humano había vuelto, yo aturdido les dije que estaba bien y les dí las gracias.
¡¡Ah!! y no os preocupeis, con trance o sin él recojí las caquitas y las lancé al contenedor del orgánico jajjajja.
¡¡Vigilad donde dejais vuestros hilos!!
sábado 14 de noviembre de 2009
La noche oscura del alma
Quizá habeis oído hablar de ella, quizá no, pero todos y cada uno de nosotros la conocemos y la hemos vivido en alguna ocasión a lo largo de nuestra vida, y muy posiblemente en más de una ocasión.
Esa "oscura noche del alma", negra, fría, triste y dolorosa, que nos deja solos, muy solos en la más absoluta oscuridad, sin más compañía que nosotros mismos, no hay nada alrededor que nos distraiga ni nos de consuelo, tan solo estamos nosotros, con nuestros miedos, dudas y desesperaciones.
Nada ni nadie puede responder nuestras preguntas, estamos en la negrura total; perdidos, desorientados y no vemos ni siquiera un resquicio de luz hacia donde dirigirnos, nada de todo lo que hemos aprendido ni vivido nos sirve de nada.
Seguro que en mayor o menor medida habeis sentido muy profundamente en vuestro interior esta sensación, esta "oscura noche del alma", una noche tan familiar para los corazones humanos que desde sus primeros pasos en las cavernas ha sido contada, tratada y sufrida, esa búsqueda en la negrura total, esa sensación de que hay algo más alla de donde nos encontramos, no sabemos que es ni porqué la buscamos, pero de repente; un día descubrimos que en nuestro interior hay un vacío incomprensible que nada es capaz de llenar.
Da igual las creencias, al Dios o Diosa que veneremos o no, los grados de iniciación, o la escuela mística que sigamos, esa oscura noche es común a todas la personas, es el momento en el que paramos en nuestra carrera y nos preguntamos para qué y hacia donde corremos.
Pero quisiera centrarme específicamente en la "oscura noche del alma" wiccana.
La iniciación y estudio de esta senda tiene como principal objetivo encontrar las respuestas a estas dudas y nos lanzamos con nuevos ánimos e ilusiones a seguir sus directrices confiados de que gracias a ello hallaremos ese consuelo espiritual que tanto ansiamos.
Al principio esta nueva esperanza nos impulsa y nos da nuevas fuerzas, practicamos los rituales y aprendemos a abrir nuestro espíritu a las realidades paralelas que antes nos habían sido esquivas por no abrir los ojos con atención, descubrimos una nueva y hermosa manera de vivir y nos damos cuenta que sus celebraciones y ritos son la herramienta necesaria para prepararnos a las respuestas que están por venir.
Pero de repente no sabemos muy bien porqué, esos mismos rituales nos parecen más huecos, nuestras meditaciones no tienen las visiones de antes, nuestros libros nos parecen una letanía monótona de palabras que ya hemos oído mil veces y caemos en la cuenta de que tras habernos volcado en su estudio, tras haber invertido toda nuestra energía, volvemos a estar otra vez en el punto de partida.
Quizá esto no sea un consuelo en esos momentos, pero si quisiera decir que ese momento en el que dudamos y en el que nos sentimos perdidos y desatendidos lo han pasado personas muy especiales para el misticismo, personas célebres por su santidad o sus enseñanzas.
Una de estas personas fué San Juan de la Cruz, una persona "especial" al menos para mí, este poeta y religioso español del siglo XVI escribió su obra más famosa "la oscura noche del alma" que le dió nombre y rostro a ese estado de evolución o debería decir mejor involución.
Aquí os dejo sus 8 liras, un mensaje críptico y oculto que habla de la unión del alma con la divinidad.
“La noche oscura del Alma”:
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
En estos versos se esconden el mensaje que este hombre santo dejó para quien busca la unión con lo divino, y nos explica como esa oscura noche en la que tan solos nos sentimos es tan solo una prueba de Fé, una prueba que debemos pasar para poder subir un escalón más, una purga que debemos realizar para limpiarnos de los lazos que nos atan al mundo material y nos impide alcanzar la comunión con lo sagrado.
Muchos no la soportarán y preferiran ceder su Fé a cambio de una vida más lógica, cómoda y anestesiada entre las 4 paredes de su celda dorada, pero aquellos que se aferren con fuerza a su corazón, que no se dejen arrastrar por las penumbras ni sus demonios , que esten dispuestos a dejar caer su piel como un traje viejo y desnudar su alma, esas personas transcenderán y descubrirán el secreto vetado solo a unos pocos.
